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(Sobre la obra visual de Catalina Parra a propósito de
"It¨s indisputable", Mayo 2001, Jersey City Museeum, New Jersey,
Estados Unidos)
1. Si quisieramos amarrar los hilos que cruzan los bordes
de la cicatriz, nos toparíamos con dos obras de C. Parra separadas
una de otra por más de veinte años de distancia histórica
y geográfica: la obra titulada "Imbunche" que fue exhibida
en Santiago de Chile en 1977 (una obra que subvertía la publicidad
del "diariamente" con la que el diario El Mercurio buscaba
rutinizar su imperio de la mentira, al tramar una riesgosa
filigrana de sordas evocaciones a la cotidianeidad oculta
de las muertes y desapariciones de la dictadura militar) y
la obra "Run away" que recurre a las páginas del diario The
New York Times (1999) para someter a lacerantes y torturantes
asociaciones del recuerdo la noticia del arresto en Londres
del exdictador chileno Pinochet. Entre ambas fechas y obras,
el trabajo con la memoria realizado por Catalina Parra ha
seguido pulverizando las capas noticiosas de la actualidad
chilena e internacional para que estallen sus sedimentaciones
ocultas o negadas.
La violencia represiva y su exposición gráfica mediante técnicas
de rompimiento del cuerpo de la noticia; la discursividad
hegemónica de los medios de prensa oficiales (El Mercurio,
The New York Times) cuyos bloques de palabra se ven endurecidos
por el régimen tipográfico de su monopolio de la verdad; el
quehacer doméstico -coser, parchar- que se enfrenta a las
letras monumentales de los titulares políticos y económicos
desde la precariedad física del trazo manual, son las formas
y los contenidos de un trabajo insistente y persistente que
ha sido recorrido -desde la localización histórica del recuerdo
de las víctimas en la prensa chilena a la actual globalización
mediática de la información que documentó el arresto del victimario-
por un mismo hilo de la memoria tenaz y vigilante: un hilo
que no afloja.
Sin falsos dramatismos pero con el minucioso rigor de una
solidaridad artística y política con lo roto y lo dañado (con
las mutilaciones de la superficie, con el accidentado reverso
de lo lisamente triunfante, con el desmembramiento de la unidad
estallada en fragmentos), el cosido-a-mano de Catalina Parra
ha resistido gracias a la sola fuerza de una puntada que mantiene
a la memoria en un hilo: peligrosamente suspensiva, intermitente,
discontínua, sin la aseveración final de un remate concluyente
que prometa mantener el recuerdo definitivamente a salvo de
nuevas violentaciones y chantajes.
La memoria en mayúscula de la historia social y política que
documenta la noticia, ha sido múltiplemente interrumpida por
la fragmentariedad asociativa o disociativa de imágenes que
guardan el recuerdo -en minúsculas- de una biografía personal
(Alemania, Chile, Estados Unidos). Subjetivizada en recuerdos
y experiencias vividas, la historia social y política se deja
afectar por la residualidad de ciertos detalles que arman
suaves o crueles recovecos en el trayecto de reconstitución
del pasado y que mezclan el relato altisonante de lo general
con los vagos rumores de lo particular. Parches, costuras
y vendas configuran la sintaxis operatoria de una obra que
desoculta la memoria no como relato pleno (suturado) sino
como hueco y perforación, como rasgadura.
Las imágenes cortadas se interrumpen unas a otras para impedir
que el sentido se vaya olvidando de sus mutilaciones pasadas
(las ocasionadas por la brutalidad del poder militar) pero,
también, para que ese sentido vaya aprendiendo a desconfiar
de la falsa homogeneidad con que las configuraciones ideológicas
del presente buscan ubicarnos en complicidad instrumental
con la supuesta lisura del axioma capitalista. Cortes y tajaduras
son el modo en que la obra de C. Parra surca la cara noticiosa
del hoy para que la actualidad tenga recuerdo de las sombras
del pasado y para que la memoria se acuerde de que las consignas
de la hipervisibilidad publicitaria esconden el secreto de
las múltiples otras borraduras y traiciones que van formando,
"diariamente", nuevas costras de vergüenza.
2. Los soportes que la obra de C. Parra interviene (páginas
de diarios) y los materiales de recorte que ella desensambla
y reensambla en el papel, provienen del universo informativo
y publicitario de la comunicación impresa. Sus trabajos de
arte dialogan y polemizan con un entorno visual hecho de diferentes
técnicas de visualidad colectiva y esteropificación de la
mirada, tomando como armas críticas los mismos significantes
técnicos que fabrican el lugar común de la opinión pública
diariamente reproducida en los medios.
La obra no se refugia en la interioridad de un "yo" para oponerse
al mundo de la visualidad capitalista desde un lenguaje supuestamente
no contaminado por sus procedimientos masificadores, sino
que construye sus significados de oposición desde la misma
materialidad que usan las retóricas visuales del mercado informativo
y publicitario para formular sus mensajes de dominancia. Tipografías
y fotografías son lo que la obra fragmenta, selecciona y reensambla
según los procedimientos de corte y montaje que definen su
pensamiento gráfico-escritural. Estos procedimientos alteran
las relaciones de denotación y connotación de los titulares
con fracturas perceptivas y roturas conceptuales que abren
sus brechas de desacato en la lectura uniformada. La obra
de C. Parra sabe que la ideología no es un repertorio de contenidos
sino una gramática de producción significante que amarra códigos
y subjetividades a determinadas cadenas de representación,
y que las tácticas de emancipación del sentido a las que apuesta
un arte de oposición y resistencia críticas requieren interrumpir
y desorganizar tales cadenas que siempre buscan agenciar -unívocamente-
significados y significantes.
La obra de C. Parra somete a duras pruebas y cuestionamientos
los pactos de legibilidad en los que el sentido común basa
su eficacia, quebrando el cuerpo de las tipografías que monumentalizan
la fuerza de la palabra; cambiando la escala de las figuras
gráficas que dictan autoridad ; fraccionando o dispersando
la continuidad sintagmática del poder-de-nombrar; confrontando
entre sí enunciados que ese poder-de-nombrar busca aislar
para que no se note la sistematicidad de su regimen de arbitrariedades,
censuras y exclusiones; alterando la jerarquía de los primeros
planos y trastocando el orden vigilado de los protagonismos
entre texto e imagen para caotizar así las reglas de la subordinación
ilustrativa. Lo que hace C. Parra es introducir ferozmente
la duda y la sospecha en los hábitos naturalizadores gracias
a los cuales la doxa (Barthes) realiza su trabajo de
invisibilización de los códigos de manipulación del sentido,
llamando el ojo que suele confiar ingénuamente en las tramposas
equivalencias entre mirada y visión a mantenerse
alerta frente a toda superposición demasiado funcional a la
transparencia del poder.
3. El flujo noticioso de la red mediática globalizada pone
a circular imágenes y palabras siguiendo una velocidad de
intercambio que las obliga a la fugacidad. Valores y contenidos
caen en la desechabilidad del sentido por cómo los mensajes
se desplazan y se reemplazan unos a otros con ese ritmo de
velocidad comunicativa que no deja tiempo para discernir sus
efectos ni medir sus consecuencias. Sin pausas que interrumpan
ese flujo continuo y distraido, irreflexivo, la mirada social
no tiene la oportunidad de mirarse a sí misma ni de devolverse
críticamente sobre los automatismos de la visión: sobre las
presuposiciones e imposiciones del régimen de visualidad dominante
que organizan lo real para que creamos que ese real habla
por sí mismo, sin que se noten las mediaciones selectivas
y controladoras de sus fabuladas versiones y perversiones.
Realizado desde la unidad mínima, discreta, del acto de comprar
y de leer diariamente los diarios, C. Parra se detiene en
lo que ella ve y luego retiene lo entre-visto para exponer
visualmente sus operaciones de lectura en un nuevo diario
mural. Ella invita la mirada del espectador a compartir su
misma curiosidad investigativa hacia todo lo que ocultan las
entrelíneas del poder de los medios. Este mímimo gesto de
contrariar la velocidad con que los medios buscan suprimir
la temporalidad de la experiencia y la historicidad del suceso
con el subterfugio de lo instantáneo y de lo simultáneo; ese
mímino gesto de interceptar el vertiginoso flujo de aceleraciones
de la contemporaneídad mediática desde un tomarse el tiempo
de releer, de desmontar y de exponer lo leído, revierte la
disposición común a que la noticia se hunda en la tumba de
lo obsoleto debido al frenesí cambiante de la novedad. Este
gesto -mínimo y máximo a la vez- trae oblicuamente la atención
sobre la suma de fraudes y desapariciones con que el hoy convierte
el ayer en inactualidad. Devela las múltiples obliteraciones
y camuflajes de los nexos entre historia, suceso y comprensión,
con que las ideologías de la comunicación quieren evitar que
una crítica de la lectura desoculte sus montajes de
percepción y conciencia. Demorarse en releer lo ya leído para
que finalmente salte a la vista todo lo comprimido y reprimido
-en volumen y densidad, en complejidad de texturas- por la
planitud de lo noticioso; rebajar los tamaños de la propaganda
y ahuecar su retórica democrática mostrando una fraseología
insana, es la manera que tiene la obra de C. Parra de criticar
el esquematismo comunicacional de la prensa a la que se ella
enfrenta con pacientes cirurgías de la verdad, del chantaje
y de la impostura.
4. C. Parra introduce en el formato reservado y prohibitivo
de lo que la tradición de maestría del arte occidental llama
solemnemente una "obra", las manualidades del hacer que esa
tradición ha despreciado por su condición -inferior- de artesanías
domésticas : costuras, tejidos y bordados. Se podría decir
que C. Parra infringe así el reparto que divide lo público
y lo privado trastocando delicadamente las jerarquías de lo
artístico (modernistamente hablando), desde las orillas deshilachadas
de lo femenino y de lo popular.
C. Parra resignifica conceptualmente el valor de la laboriosidad
femenina y popular, al darle la eficacia teórico-política
de un recurso estratégico que la autora saca del contexto
inferiorizado de la domesticidad hogareña para mostrar los
subtextos ocultos de la explotación de la mano de obra invisible.
Ella traslada ese pequeño recurso al campo de fuerzas del
discurso público (el diario, la prensa y la noticia) donde
ataca sus imponentes símbolos de autoridad.
El quehacer manual de C. Parra se opone al dogmatismo político
desde la fragilidad del pespunte y del hilván que están siempre
a punto de que se desarme su costura. Ella fragiliza la supuesta
incontrovertibilidad de las verdades oficiales ("It's indisputable",
así se titula una de sus obras) desde una puntada cuyos zigzags
desalínean el sentido recto al que obliga la verticalidad
del poder erecto. También la autora superpone la tachadura
de las gasas a los indicadores tipográficos del diario para
que sus pautas de legibilidad dominante tengan que vérselas
con este insidioso juego de ocultamientos y desocultamientos
de lo dicho que colocan bajo sospecha la engañosa apariencia
de un mensaje directo y transparente. Ella exhibe los reversos
deshilvanados de la vestimenta social que posa de gala en
las fotografías de primera plana para denunciar, así, la artificialidad
de su hechura publicitaria.
Junto a lo fememino, lo popular también hace una "toma": se
toma el derecho de trasladar la chilenidad de una serie de
parentezcos ligados entre sí por el apego familiar a las redes
afectivas de la manualidad y de la oralidad (la tía Violeta
Parra, el padre Nicanor Parra) hasta el sitio metropolitano
de un museo cuyos dispositivos enunciativos suelen borrar
de su mapa de abstracción los regionalismos crítico-disidentes
de unas cuantas localizaciones de identidad que sabe demasiado
astutas.
El hacer manual de lo femenino y de lo popular en C. Parra
(tejidos=tramas=textos) operan como marcadores simbólicos
de diferentes rasgos de marginalidad, subalternización y periferización
culturales que desplazan y reconjugan los significados (políticos,
sexuales, étnicos, etc.) de lo discriminado, en un juego plural
de tensiones móviles donde discurso y contradiscurso no son
polaridades fijas ni categorías homogéneas sino terrenos de
lucha que se van diagonalizando según múltiples pliegues de
contradicciones externas e internas. El vector de descentramiento
y transversalidad de lo popular y de lo femenino (una vez
desromantizados, desesencializados) tendría que ver con la
multiplicación de los bordes que opera la obra de C. Parra
al cortar y pegar, al desunir y reunir, las superficies del
discurso hegemónico que nunca permanecen tal cual (definitivamente
quietas). Estos bordes materializan el choque de hablas que
se libran en torno al monopolio de la interpretación oficial,
desde esta sostenida accidentación de los contornos
que someten los mensajes del orden a la tajante desfiguración
del corte irregular.
5. La voluntad de arte que hace implacable el trabajo de C.
Parra tiene que ver con su sabiduría para llevar discursos,
imágenes, subjetividades y representaciones, a una batalla
cuerpo a cuerpo en la cual los dictados tipográficos del poder
terminan confesando, entre roturas y parches, sus abusivas
secuencias de injusticias.
En los intersticios "diarios" -de tenacidad y goce, de constancia
y placer, de exhaustividad y desenfreno- que separan la rotura
del parche, la obra de C. Parra cose una y otra vez las heridas
del sentido sin nunca pretender reconstituir una superficie
indemne al tacto o a la mirada, porque de la permanencia rugosa
de esos tajos depende el hecho de que recordemos que las caras
del poder no son perfectas y que son, por lo tanto, vulnerables
a la filuda crítica, a las afiladas marcas del reclamo y de
la contestación.
| Nelly Richard. Crítica y ensayista. Directora de la Revista de Crítica Cultural, Santiago de Chile. |
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