|
Nadie quiere quedar fuera
de la historia.
(A propósito de un libro-catálogo de Galería
Metropolitana)
Al ser invitada a participar de esta presentación
del libro-catálogo-memoria de Galería Metropolitana,
me he permitido rearticular ciertas ideas ya expuestas en
el marco del ciclo de mesas de conversación realizadas
en el MAC, bajo el título de Las otras vías,
y que buscaba indagar sobre las posiblidades y problemáticas
planteadas por los "espacios alternativos" de exhibición
de arte. En esa ocasión fui invitada por el MAC a moderar
las mesas, y una de las sesiones estuvo destinada al lanzamiento
del catálogo de Hoffmann's House.
De esta manera, esta presentación se enunciará
desde tres ejes: espacios de exhibición, memoria-catálogo
y Galería Metropolitana.
Espacios de exhibición:
En los últimos 5 años hemos asistido
a la aparición de una serie de espacios como galchi,
hoffmann's, h10, metropolitana, mediagua, y otras instancias
de exhibición, que vendrían a problematizar
los modos de circulación de la producción artística
en nuestro medio.
Cada uno de estos espacios -y otros- respondería
a ciertas características comunes ligadas a la "precariedad
del medio", pero responderían también a
ciertas especificidades propias de sus zonas de emergencia.
Estas "zonas de emergencia" no estarían únicamente
entendidas como territorio geográfico, sino también
como el "territorio social", el "territorio
simbólico", y/o el propio "territorio / sistema
del arte", según cada caso.
Espacios "autónomos", independientes",
"autogestionados", que se constituyen ellos mismos
como obra o como parte indisociable de una propuesta de obra,
y cuyo fin ya no es simplemente ocupar la calle (el "arte
público" o la "acción de arte"
de una escena anterior), sino provocar (con) nuevos emplazamientos
para la obra y su "circulación.
Siguiendo esta idea, podríamos señalar
que lo que caracterizaría a estos espacios sería
una tensión con lo político o lo crítico,
en el sentido de que, en las actuales coordenadas de producción
artística, la obra sólo se podría mostrar
como crítica en su situación, es decir, frente
a los soporte de inscripción que ella pretende alterar,
y en este sentido, habría una coincidencia con lo político
de estos espacios y sus políticas de emplazamiento
y exhibición, es decir, una coincidencia con la posibilidad
de subversión que espacios como Metropolitana pondrían
a su disposición.
Memoria-catálogo
Bajo los efectos de mi denominación profesional
-historiadora del arte- debo reconocer que una de las manías
que me domina es la de la documentación.
En este sentido, el catálogo (o la "memoria"
en este caso) adquiere para mí un valor singular como
documento histórico/historiográfico de estudio.
Ese es uno de los motivos por los que valoro particularmente
la publicación que hoy nos convoca, y que se inscribe
dentro de una serie de otras publicaciones de reciente o próxima
aparición.
Sin embargo, no puedo dejar de traer a discusión
otro aspecto, a mi juicio también significativo, y
que tiene relación con lo que podríamos enunciar
como "la producción de arte (de sentido) en la
era del catálogo (bilingüe)".
Ya es casi un tópico que el arte / la
producción de arte contemporáneo/ se mide más
bien por los catálogos que por las propias obras; esta
situación se vería aún reforzada en el
caso de Metropolitana, ya que no estamos en presencia del
catálogo "de obras" de un artista, sino del
catálogo "de obras" de una galería,
de su memoria de exposiciones, en un período tan amplio
(6 años) que debiera permitirnos desarrollar una lectura
respecto a su "programa" (concepto que, en este
contexto, podría ser asimilable al de "cuerpo
de obra" si nos refiriéramos al catálogo
de un artista).
Desde hace algún tiempo se viene enunciando
el "problema" del catálogo, o el "efecto"
catálogo: producir obra no por la necesidad de producción,
sino para circular en/con el catálogo; en esa medida,
el catálogo se constituiría como más
importante que la propia obra o la propia exposición.
Cómo entender, entonces, esta publicación
de Metropolitana, la de H's h, o de otras "galerías"?
sabemos que otros espacios como Regional de Viña y
Mediagua de Talca planeaban un catálogo conjunto, existe
el anuario de Animal, Balmaceda 1215 edita un catálogo
anual, frente a los cuales los catálogos que publica
asociado a cada exposición Galería Gabriela
Mistral podrían parecer casi un exceso o un lujo. Pero,
sin embargo, pareciera también que todos (los espacios)
aspirarían más o menos a eso, texto traducido
al inglés de por medio.
En lo personal - y con todas las "prevenciones"
que se pudieran plantear al respecto- insisto en que considero
este tipo de publicaciones absolutamente necesarias y bienvenidas,
en un "medio" que aún está por conformarse
o constituirse, y en el cual aparentemente para muchos lo
condenable sería más bien la permanencia, o
la continuidad de los proyectos.
Galería Metropolitana
Coincido plenamente con lo planteado por Duplus
en el último texto del libro, en el sentido de la complicidad
que se genera a través de gestos o acciones como la
invitación-aceptación a participar en esta presentación.
Sin embargo, siguiendo también a Duplus, esta complicidad
no implica una actitud alabatoria, sino más bien es
cómplice en su búsqueda de acercamiento interrogatorio
y problematizador al arte y lo social, sus límites,
sus sistemas.
Hay ciertos aspectos de Metropolitana que se
tornan recurrentes, ya sea a partir de sus propias afirmaciones
o de lo que otros afirman sobre ella. Hay afirmaciones que
me generan una cierta contradicción, como el cuestionamiento
de su status de "galería" asimilándola
a "obra", cuando a mi juicio uno de los aspectos
interesantes de Metropolitana en lo físico es justamente
el forzamiento al que obliga a las obras, cómo este
galpón determina justamente a las "obras"
que pretenden exponerse en su interior, cosa que creo no es
un dato menor para los artistas al momento de pensar en exhibir
en ella.
En la mayoría de los casos, Metropolitana
no "acoge", sino que justamente fuerza, incomoda,
tensiona, como espacio "exterior" a la obra, ya
sea desde su propia materialidad de galpón de zinc,
hasta su conección con la casa vía cocina, pasando
por el emplazamiento en el "barrio". Ya lo he sostenido
en otras ocasiones, las obras pierden o se cargan de sentido
también respecto a sus lugares de exhibición
y emplazamiento.
Otro aspecto es la sanción sin más
de su supuesta lejanía respecto a "la institución",
"lo oficial" o "el mercado del arte".
Aquí de nuevo me encuentro más bien con preguntas
que con sanciones: qué relaciones establece, problematiza,
subvierte o pervierte Metropolitana respecto a ello cuando
su memoria catálogo es posible con fondos estatales,
o cuando participa de proyectos generados desde un espacio
de dependencia institucional como Galería Gabriela
Mistral, cuando es invitada a la Bienal de La Habana y esta
invitación es cubierta en parte por la Dirección
de Asuntos Culturales de la Cancillería, o cuando realiza
una exposición en conjunto con una galería "de
Alonso de Córdova" a la cual incluso algunos artistas
se niegan a visitar como espectadores?
Uno podría también preguntarse
hasta qué punto la ciudad está estandarizadamente
separada, desarticulada o articulada en redes estandarizadas
e inconexas - y en ese sentido, hasta qué punto Metropolitana
viene a desarticular o rearticular- o hasta qué punto,
la ciudad como territorio es más dinámica de
lo que alcanzábamos a ver?
A partir del texto de Nelly Richard uno podría
también preguntarse por el tránsito en la ciudad,
más allá de la noción de "descentramiento"
posmoderno; es suficiente constatar el obligado tránsito
/ traslado del cuerpo de los visitantes del circuito artístico
"oficial" hacia la marginalidad del suburbio? Qué
diálogo se produce en este tránsito / traslado?
Para finalizar, me permito recoger una vez más
del catálogo-memoria una pregunta planteada por Duplus:
"Pero, a ver, qué sería de un centro desubicado
si acabara siendo un centro ubicadísimo?"
Soledad Novoa Donoso
Septiembre 2004
|