Soledad Novoa

Realismo Traumático*
(A propósito de de la exposición Revista (ronda) de Angie Saiz,
Centro Cultural de España, 9 de julio al 2 de agosto 2007)

Lo que se repite es siempre algo que ocurre como por azar
Jacques Lacan
Lacan define lo traumático como un encuentro fallido con lo real.
En cuanto fallido, lo real no puede ser representado; únicamente puede ser repetido,
de hecho debe ser repetido (1)

 

Angie Saiz elabora su trilogía Revista a partir de dos referentes, uno visual y otro sonoro, referentes que comparten dos características: la remisión a la infancia, y el encuentro casual. Su referente visual se moverá entre las fotografías que acompañan la edición de una serie de cuentos clásicos (Revista (cuentos)) y las fotografías de un álbum familiar, que junto a una caja con diapositivas atesoradas durante años por la artista, constituye el único sobreviviente de un incendio que destruyera casi en su totalidad la casa materna el año 2004 (Revista (diapomontajes)).

El referente sonoro estará dado por un disco de rondas infantiles, que sumado a la serie de cuentos mencionados configurará el universo infantil de la artista, registrado en las fotografías familiares cuidadosamente depositadas en el álbum.

Aunque Saiz da inicio a esta trilogía planteando un trabajo eminentemente formal, técnico, centrado en ciertas problemáticas ligadas a la visualidad, la producción de imágenes derivadas de la fotografía y el video, y las operaciones vinculadas a ésta (tales como el corte, el encuadre, el enfoque, la edición), poco a poco es la propia subjetividad de la artista la que comienza a aparecer veladamente en escena, a partir de los elementos con los cuales llevará adelante sus operaciones de manipulación, corte, distorsión, es decir, los cuentos, el álbum familiar y el disco de rondas infantiles.

De acuerdo a la descripción que hace la propia artista, Revista (ronda) se articula a partir de cuatro elementos: un objeto, superficies, luz y sonido.

El objeto corresponde a un baúl instalado en medio de la sala; según Saiz, equivale a la figura principal dentro del espacio y funciona como una metáfora de la búsqueda que la obra propone: la relación del sujeto con lo que lo rodea.

Es significativo que el elemento que a juicio de la artista vehicula el sentido final propuesto por la obra (la relación entre el sujeto y su entorno) corresponda a un baúl, máximo cliché de la memoria (el baúl de los recuerdos) y objeto propio del universo del relato infantil.

Este objeto se dispone en una sala tramada de superficies que, miméticamente remiten a elementos que contienen citas en fragmentos de las dos obras anteriores de la trilogía: el pasto sintético utilizado para construir las maquetas que dan origen a las fotografías que componen los libros de cuentos, y las baldosas encontradas en algunas de las fotografías utilizadas en la realización de los diapomontajes.


Sin embargo la cita dará pie a un espacio de extrañamiento visual y perceptual, generándose una dislocación de sentido a partir de la ubicación del pasto sintético que es trasladado desde el piso a los muros de la sala (su función ya no es ser pisado sino ser mirado y generar un ambiente a partir del persistente verde artificial), y del recubrimiento del piso de la sala por fotografías autoadhesivas de baldosas de una edificación antigua, correspondiendo cada foto a una baldosa real de tamaño estándar de 33,3 x 33,3 cm., produciéndose en este caso una confusión entre las posibilidades reales y miméticas de la foto de la baldosa, que efectivamente cumple -de manera exagerada- su función.

El efecto anterior es acentuado por el manejo de la luz que, en su reducida intensidad, permitirá al espectador ver y no ver los elementos señalados en una imagen real-ilusoria que parece responder a todos nuestros recuerdos asociados a la imaginería infantil del cuento, transformándose ésta en una escenografía donde, para el espectador, se desarrolla el ejercicio de la memoria, del recordar, a partir de una vivencia propia de la artista que se escenifica en la repetición.

Esta repetición se hace aún más patente al prestar atención al sonido que emerge del baúl, y que marcará la pauta para las intervenciones sonoras en la escalera y en los baños del segundo piso. Este sonido corresponde a la manipulación digital de una ronda infantil traspasada desde un disco de vinilo (el disco rayado después de múltiples audiciones), fragmentada y ralentizada hasta su completa transformación y proyectada desde un parlante que focaliza su sonido, el que, desmembrado, proyecta sólo el registro de la aguja de vinilo en los baños y sólo el registro de los tambores en la zona de la escalera.

En sus textos de presentación Angie Saiz apela constantemente a las evocaciones del espectador así como a las múltiples interpretaciones que éste pudiera elaborar a partir de la obra, remitiendo su recuerdo al pasado de su propia biografía, pero también a una posible biografía colectiva para quien, desde el lugar del espectador o espectadora, se reconozca en esas imágenes y sonidos.

Sin embargo lo puesto en juego en la obra responde a la evocación de la artista, evocación de una dicha perdida en algún momento del tránsito desde la infancia a la adultez. Así, lo que nos presenta Revista (ronda) es la escenificación de un relato que se establece desde la memoria entendida como un lugar puesto en crisis, un lugar de y para la ficción: la ficción de un relato infantil que enfrenta al espectador a un mundo en el que ésta podría ser más tangible que la realidad, ficción que sólo se hace visible a partir de la puesta en crisis de los mecanismos de representación que la obra vehicula mediante la fragmentación, el corte y la manipulación, exhibiendo de esta manera la inquietante fisura por donde se cuela lo anómalo, por donde se expone la ansiedad y la duda, el escepticismo y la sospecha, la nostalgia por la infancia como proyecto fragmentario en su previsión a la adultez, y develando en ello la puesta en crisis de los mecanismos de representación como crisis de la propia memoria.

 

Soledad Novoa Donoso
Junio 2007

Citas:

* Algunos de los conceptos que orientan el presente texto provienen de la lectura del capítulo homónimo de El retorno de lo real (Hal Foster, Akal Madrid 2001 pp. 129 - 172), así como del texto Encuadre, corte y exceso Saiz / Portus / Gabler escrito para la exposición Selecciones (Galería Balmaceda 1215, junio 2006)

1. Hal Foster, El retorno de lo real (p.136)








 


 

 

 

 

 
 

VOLVER