| Una permanente invisibilidad *
1.
La convocatoria Artes visuales y Estado: deudas y desafíos de la institucionalidad cultural chilena ofrece la posibilidad de abrir una discusión sobre políticas públicas en el ámbito de la cultura, así como señalar algunas definiciones, establecer algunos elementos necesarios para un diagnóstico, y finalmente, esbozar algunas propuestas respecto a la relación sector artes visuales / administración pública.
En términos generales, una de las principales críticas que se ha venido instalando frente al accionar de los gobiernos de la Concertación en el ámbito de la cultura, y más específicamente, en el ámbito de las artes visuales, es la ausencia de una real Política de Estado, entendida ésta como una intervención que pretende incidir en algún tipo de cambio o transformación social: las políticas, sean éstas públicas o privadas, constituyen un conjunto de decisiones, basadas en definiciones, coherentemente orientadas a cumplir unos objetivos.
Probablemente esta situación sea la principal deuda, una vez concluido el proceso de consolidación administrativa de la “nueva institucionalidad cultural” (CNCA), establecida como prioridad desde el año 1990 a través de distintos documentos o comisiones de estudio (Comisión Garretón, Comisión Ivelic, etc.), hasta llegar al documento Política cultural del gobierno del Presidente de la República señor Ricardo Lagos Escobar , presentado en el Museo Nacional de Bellas Artes el 16 de mayo de 2000.
Así, una vez instalada la institucionalidad el año 2004, lo que cabía era diseñar programas, estrategias, y planes a mediano y largo plazo que tendieran a generar contenidos para la acción de este nuevo organismo; intentando dar cumplimiento a lo anterior, en mayo del 2005 se evacua el documento Chile quiere más cultura- definiciones de política cultural 2005-2010, señalado constantemente como el plan maestro del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Sin embargo, más allá de todos estos pasos fundamentales, y todos estos intentos por generar una política pública en la materia, es posible constatar una insatisfacción generalizada desde el campo profesional de las distintas disciplinas artísticas, y muy particularmente en el campo de las artes visuales y sus actores.
Una primera conclusión general, a la luz de los documentos analizados así como de las actividades y acciones fuertemente publicitadas por el CNCA, se resume en que en la actualidad no existe una verdadera política cultural , sino más bien una política social dentro de la cual el ámbito cultural es considerado como un componente más, situación que tiene una incidencia particular en el ámbito de las artes visuales, como intentaremos dicutir en este artículo (1).
Son varios los factores que nos conducen a esta conclusión, y que pueden ser extraídos del análisis de documentos y de actividades realizadas por el CNCA:
- un primer punto dice relación con una confusión de definiciones entre creador (artista) y beneficiario (público, audiencias) que deriva en una confusión entre el ámbito de lo cultural y el ámbito de lo social;
- un cierto “ temor” al “elitismo” atribuido a las artes visuales (y otras manifestaciones artísticas), lo que se traduce en fomentar el desarrollo e invertir fondos públicos en la realización de actividades masivas, de “gusto popular”, de consumo rápido ( fiestas ciudadanas , anteriormente llamadas fiestas de la cultura );
- un diagnóstico errado, establecido únicamente a partir de análisis de dinámica territorial (aunque precario debido a su extrema focalización) sin considerar un análisis de dinámica sectorial. Entre otras cosas, esta situación nuevamente se traduce en una confusión con el eventismo y con el populismo, en los cuales las artes visuales tienen difícil cabida.
- una creciente desprofesionalización en el sector público: la administración pública en cultura se entrega, en un alto porcentaje, a nivel de cargos de alta decisión, a profesionales que, aún siendo muy capaces en sus áreas de competencia específica (principalmente administradores/as públicos, abogados/as, periodistas, sociólogos/as, y recientemente asistentes sociales u otros) desconocen la especificidad del mundo artístico (y cultural), sus dinámicas de desarrollo, sus necesidades reales y sus protagonistas. En este punto evidentemente no se trata de trabajar únicamente con artistas, sino de contar con profesionales que, aún proviniendo de otras áreas de formación, demuestren una experiencia previa real, así como un conocimiento cabal del medio artístico por un lado, del entramado institucional-cultural por otro, de sus agentes públicos, privados e internacionales al momento de ser llamados a cumplir funciones dentro de la institucionalidad cultural.
- la permanente aplicación de una fórmula de licitación de recursos públicos como política de financiamiento; esto se traduce en una constante inyección de recursos a los fondos concursables en desmedro de presupuestos de asignación directa para el desarrollo de Políticas, Programas, Planes y acciones a nivel nacional y regional. Aunque en este punto constantemente se argumenta a favor de una supuesta “transparencia administrativa” en la asignación de los dineros públicos, finalmente esta asignación no capitaliza en relación a los montos asignados.
- la suposición de una escasa demanda artística cultural en el ámbito de las artes visuales. Si esto se comprobara como efectivo –punto que a mi juicio habría que contrastar con la realidad ya que este análisis generalmente se fundamenta en el prejuicio - debemos considerar el origen de esta escasez, el que definitivamente no corresponde a características propias de la práctica o a la producción artística sino a la escasa educación y sensibilización de la población, lo que no está necesariamente sujeto a su nivel socioeconómico o educativo.
Todo lo anterior, a mi juicio, ha llevado al sector público a diseñar políticas asistencialistas y excluyentes, traducidas finalmente en la mantención del statu quo de la diferenciación discriminatoria y la atomización social, haciéndose cómplice de la baja movilidad social característica de nuestro país, situación que se resumiría en la fórmula Teatro Municipal para las élites, gimnasio multiuso para los pobres .
2.
Como todo aspecto de la sociedad, el ámbito artístico (y cultural) se estructura y desarrolla en base a ciertas especificidades y competencias profesionales que es necesario conocer, y abordar desde el Estado mediante una adecuada implementación de Políticas, con el fin de alcanzar grados adecuados de desarrollo, acorde al proceso de modernización vivido por el país.
En esta medida, se hace imprescindible abordar y diseñar una Política C ultural de Estado, que suponga una serie de directrices, planes, programas y acciones, con el fin de potenciar, difundir, estimular, la creación artística como un bien de producción y consumo simbólico en la sociedad, cuidando de no confundir la producción artística (y la cultura) con un objeto de consumo más ni con el mero espectáculo, y no confundir roles entre productores y consumidores artísticos.
Un Política Cultural permite, entre otras cosas, una inversión inteligente y fundamentada de recursos, orientada por una priorización que no responde a caprichos, gustos o desinformaciones personales, sino a estudios y evaluaciones serias, realizadas por profesionales idóneos y competentes, de cara a los objetivos que la política se plantea cumplir, cuestión que se presenta como imprescindible en el ámbito de las artes visuales.
De acuerdo a lo anterior, y entre otras cosas, se hace urgente la efectiva profesionalización del CNCA y de los Consejos Regionales, profesionalización que no pasa por ofrecer cursos de gestión cultural (“educar al funcionario público” ha dicho recientemente un participante en un seminario organizado por el Centro Cultural de España durante el año 2007), sino por aprovechar la experticia, conocimientos y experiencia de profesionales formados en carreras y prácticas artísticas, o profesionales de otras áreas afines con una reconocida trayectoria y experiencia en este campo: llamar a los mejores a desarrollar sus capacidades profesionales en el ámbito público.
En cuanto a las acciones y actividades planificadas por el CNCA es imprescindible ampliar los horizontes de la oferta hacia manifestaciones realmente diversas, que requieren realmente el subsidio del Estado para su desarrollo ya que no responden a demandas ni lógicas de mercado, manifestaciones de alta calidad artística que de otro modo difícilmente llegan a la población: en definitiva, necesitamos nivelar el consumo cultural para arriba y no para abajo, tanto en la oferta como en la demanda, lo que evidentemente requiere políticas e inversión de recursos a largo y mediano plazo, labores de educación de públicos, etc., todo lo cual no se hace visible en lo inmediato, sino en el tiempo.
3.
Como un ejemplo efectivo y eficiente en el ámbito de la descentralización y el desarrollo de las artes visuales a nivel nacional, me parece que un caso de extrema realidad en el logro de sus objetivos, de extrema seriedad y profesionalismo en su desarrollo, y de real impacto tanto en las audiencias como en las comunidades artísticas regionales corresponde a los Fondos Regionales de Arte Contemporáneo franceses (FRAC).
Estos Fondos (2), que vienen implementándose desde 1982 (iniciados bajo la presidencia del socialista Francois Mitterrand y su Ministro de Cultura Jack Lang) se sustentan en una doble perspectiva de “promoción de las artes y descentralización artística” (3), bajo un financiamiento público mixto, central y regional.
A pesar de su diversidad en cuanto a dimensión del edificio que los alberga, o al estado de desarrollo de la colección que les da cuerpo, el Fondo como sistema de fomento se sustenta en una misión muy clara, que aúna la labor realizada en todas las regiones: “el FRAC tiene por misión constituir una colección regional de arte contemporáneo, sensibilizar al público frente al arte de hoy en día y colaborar en el desarrollo, la difusión y el conocimiento de todas las formas de creación contemporánea”.
Para ello, junto a la adquisición de obras, se contempla el desarrollo de un programa de servicio educativo (que abarca, entre otros, visitas guiadas, actividades con colegios y jardines infantiles, etc.) y la constitución de un centro de documentación sobre las obras y los artistas presentes en la colección; asimismo, algunos de ellos desarrollan sistemas de residencia de artistas, talleres o laboratorios de creación, programación de seminarios y conferencias, fortaleciendo de esta manera la idea de una política de mediación con el público.
Vemos así cómo una política de diseño central cumple efectivamente con el objetivo de descentralización artística (enfatizo aquí el uso de la palabra artística y no cultural por parte de la administración francesa), proveyendo de un know how y de los recursos necesarios para promover un real acceso a producción artística de primer nivel en cada región francesa (4).
Al citar este ejemplo evidentemente no pretendo sugerir un nuevo modelo a imitar sino que busco entregar ciertos antecedentes que nos permitan contrastar modos eficientes de desarrollo frente a nuestras precarias y mal orientadas acciones públicas.
Siguiendo lo anterior, al analizar la forma en que se han vehiculado las distintas manifestaciones artísticas hacia la población, nuevamente nos encontramos con que los modos, los lugares, las opciones no han sido las mejores, imposibilitando y negando nuevamente a amplios sectores de la población la proximidad a propuestas de calidad, en los lugares que –nos guste o no- corresponden a estos niveles de calidad (en artes visuales, el museo y la galería principalmente). Como decía anteriormente, nivelar para arriba y no para abajo sería una primera solicitud, y esto implica un trabajo más serio, más exhaustivo, más sostenido, más profesional, más específico .
Sólo en esta medida se justificaría, desde el ámbito de las artes visuales, el Programa de Infraestructura Cultural que intenta implementar el CNCA, el que en estos momentos se ha transformado en la construcción de meros continentes sin contenido y sin presupuestos de funcionamiento, sin líneas claras de trabajo, sin línea editorial o curatorial (recordemos el ejemplo del FRAC cuyo espacio se constituye a partir de una colección que exhibir, difundir e investigar). Preguntas básicas como dónde? para qué? con qué programación? con qué presupuesto? parecieran quedar permanentemente sin respuesta, más aún cuando el requisito impuesto desde el Gobierno es el autofinanciamiento (5).
El supuesto sobre el que pareciera basarse toda acción pública en nuestro país es que el arte es parte de un dominio privilegiado, por tanto la segregación social y económica no permitiría llegar a este dominio; sin embargo, las acciones que se han implementado en este sentido han resultado en una profundización y no una subversión de esta segregación al dar “más de lo mismo”, la cultura del espectáculo, no en el sentido de entretenimiento mencionado por Arturo Duclos en estas mismas mesas, sino en el sentido banalizante que todos conocemos: eventos “populares” en los que las artes visuales tienden a quedar fuera de toda programación, o a ser incluidas únicamente desde el concurso de fotografía, el concurso de pintura, o el taller con la junta de vecinos cuando se las incluye.
Si tomamos como ejemplo lo acontecido en la actividad de cierre de las llamadas Fiestas Ciudadanas Chile + Cultura (Quinta Normal, 25 noviembre 2007) podemos constatar que en la programación aparecida en la página web del CNCA no se considera una actividad específica y relevante para las artes visuales; sólo se incluyen dentro del circuito las exposiciones de Matucana 100, y el Museo Artequín (erróneamente denominado como Museo Arlequín), así como un taller masivo de artes plásticas para niños (6).
A mi juicio, esta situación devela una vez más esa falta de especialización profesional de la que hablaba, a lo que se suma un error de concepto al utilizar un término como el de “artes plásicas”, desplazado hace ya mucho por el de artes visuales , incluso en las currícula escolares del MINEDUC desde la reforma del año 2000.
Podemos concluir entonces que toda esta confusión de niveles, de ámbitos de competencia, de temores a la especificidad se han traducido en una creciente desprotección de la producción artística, y por ende, un fracaso al momento de generar adecuadas políticas de fomento, desarrollo, difusión, etc., lo que en paralelo ha venido acompañado con un proceso de empobrecimiento de la propia noción de cultura confundida con una idea burda de espectáculo.
Debemos aprender a definir acceso como el derecho a tener contacto con las manifestaciones más elaboradas y de mayor calidad de la creación artística, sea ésta la danza contemporánea o el ballet clásico, la música (“popular” o “docta”), el teatro del gran drama o la comedia, las artes visuales históricas o contemporáneas. Como ciudadana, tengo derecho a poder acceder a los mejores espectáculos de la lírica, el teatro o las artes visuales si es mi deseo hacerlo, pero para ello, evidentemente mi deseo y mi necesidad se han ido perfilando a lo largo de mi experiencia de vida, en el colegio, en el hogar, en la sociedad; es por ello que el problema es más complejo que el análisis que, según percibimos, mueve las acciones emprendidas por el CNCA.
Así, si la noción de acceso se transforma en un eje directriz de políticas y acciones, es importante considerar al menos dos aspectos:
- el acceso a la formación e información desde temprana edad, situación que no se resuelve con los carnavales o las fiestas culturales, las que en términos generales, no pasan de itinerar aquello que la población consume habitualmente a través de los medios de comunicación, sin generar ninguna ampliación en sus posibilidades de experiencia y conocimiento como ya señalamos, y menos una mirada crítica sobre su entorno;
- el acceso económico, es decir, cómo posibilito a un público ya formado el acceso a los mejores espectáculos, las mejores exposiciones, etc. cuyos costos de entrada son normalmente elevados o cuyos costos de producción dificultan su realización en el país. Es aquí donde insisto en que el análisis territorial que se ha llevado adelante es extremadamente focalizado en los llamados “sectores vulnerables”, desconociendo amplios sectores de la población que, sin vivir en esta situación de vulnerabilidad, no pueden acceder –aún conociendo de su valor simbólico y de calidad- a grandes eventos artísticos (aquí excedo el ámbito de las artes visuales para hablar de la ópera, el ballet, la música, el teatro, etc.). A ello se suma, en el largo plazo, la necesidad de que esos públicos formados e informados a los que apelamos en el punto anterior no vean frustrado su posibilidad de acceso en el tiempo debido a sus propias carencias económicas.
Para finalizar, e intentando abarcar algunos de los temas abordados por las otras mesas y concentrarnos en el ámbito específico de las artes visuales, en cuanto a acciones más o menos inmediatas urge crear y fortalecer un concepto de coleccionismo que refuerce una política de Museos y Archivos, lo que nos permita conocernos, valorar nuestra propia identidad y planificar, sobre este sedimento conocido, lo que nos falta por realizar o desarrollar.
Además de crear y fortalecer el concepto de coleccionismo el Estado debe asumir un rol activo en la adquisición y conservación de obras y creaciones tanto nacionales como internacionales que permitan acceder a la comprensión del arte y del arte contemporáneo, ya que la función educativa de los museos no sólo debe cubrir el pasado sino que debe adelantarse y producir conocimiento, ofreciendo experiencias que permitan reflexionar el presente.
Si coincidimos en que no corresponde al Estado transformarse en “productor de cultura”, sí debemos señalar como rol fundamental del Estado el asegurar y generar las condiciones adecuadas para su desarrollo y producción, entre otras cosas, a través de políticas y acciones pertinentes, tales como museos de calidad, legislaciones derivadas de necesidades reales del medio, o subsidios directos acordes con el desarrollo de las disciplinas (ej. entrada y salida de exposiciones, seguros, etc.), que permitan tanto al artista individual, a las instituciones artísticas (museos, galerías) como a la institución pública desarrollar una labor atractiva, efectiva, eficiente, de calidad, de amplio acceso y sostenida en el tiempo.
4.
Finalmente, a lgunas cifras que contribuyen a la reflexión (7):
Item |
2006 |
2007 |
CNCA
PRESUPUESTO GENERAL |
(en miles de pesos)
$22.728.605
Representa el 0,15% total de la ley de presupuesto. |
(en miles de pesos)
$30.399.374
Representa el 0,17% de la ley de presupuesto. |
CARNAVALES DE VALPARAÍSO |
$283.650.000 |
$287.058.000 |
FIESTAS DE LA CULTURA |
$225.000.000 |
$283.650.000 |
Aporte del CNCA al CENTRO CULTURAL PALACIO LA MONEDA (entrada pagada) |
$463.500.000 |
$656.190.000 |
Aporte del CNCA a MATUCANA 100
(entrada gratuita a galería de arte ) |
$199.614.000 |
$289.400.000 |
FONDART |
$6.073.000.000 (11 millones de dólares) |
$ 4.300.000.000 |
FONDART (-ARTES VISUALES |
$485.270.158 |
$288.257.190 |
GALERÍA GABRIELA MISTRAL (entrada gratuita) |
$30.000.000- |
$31.000.000- |
ÁREA DE ARTES VISUALES (instancia especializada al interior del CNCA, responsable del diseño e implementación de políticas, programas y acciones a nivel nacional) |
$33.050.997 |
$36.924.028 |
* Ponencia presentada a la mesa redonda Artes visuales y Estado: deudas y desafíos de la institucionalidad cultural chilena (26 de noviembre 2007) realizada en el marco del seminario ARTES VISUALES Y POLÍTICAS PÚBLICAS: conflictos y desafíos de un territorio en construcción organizado por el Área de Artes Visuales del Consejo Nacional de la Cultura y
las Artes.
Notas: (1) "Las políticas culturales son uno de los componentes del sistema de protección social para mejorar la calidad de vida, la integración y la diversidad, generando igualdad de oportunidades y reconociendo que la cultura es un derecho exigible, en tanto bien público para el desarrollo social" Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, entregó balancedegestión. Más acceso y espacios para la cultura entre hitos culturales 2007 , sección actualidad nacional, v iernes 21 de diciembre de 2007 pagweb CNCA (el subrayado es mío).
(2) El FRAC es un fondo de obras artísticas adquiridas por el Estado tanto a artistas franceses como extranjeros, las que permiten constituir colecciones regionales; en este caso, no se trata de fondos monetarios para ser distribuidos entre los artistas, aunque en Francia también existen sistemas de subvenciones a artistas.
(3) Todas las citas entre comillas han sido tomadas de las páginas web de algunos FRAC; los destacados y subrayados son míos.
(4) Entre los artistas cuyas obras han sido adquiridas por los FRAC se cuentan Joseph Beuys, Orlan, Marina Abramovic, Frank Stella, Mona Hatoum entre los más consagrados , o artistas más jóvenes como la chilena residente en París Carolina Saquel, o la chilena-suiza Ingrid Wildi (cuya obra fue recientemente exhibida en Galería Gariela Mistral –noviembre / diciembre 2007-).
(5) “El requisito principal es, para el Consejo Nacional de la Cultura , que las construcciones se usen para lo que fueron pensadas, y que no se conviertan en oficinas municipales después de unos años: ‘Hay muchas experiencias en Chile de infraestructura cultural que tiene corta vida y que se convierte en elefante blanco' (cita a Ivannia Goles, Departamento de Infraestructura Cultural del CNCA) […] El asunto del financiamiento de las actividades y la mantención en el tiempo de los centros es algo que aún no está definido…”. María Francisca Bertoglio, Más casas para la cultura , El mercurio, 25 de noviembre 2007, página E12.
(6) Llama la atención, entre otras cosas, que no se mencione al MAC sede Quinta Normal, que para esa fecha exhibía Cuatro mujeres / cuatro miradas (videos de Ingrid Wildi, Claudia del Fierro, María Pía Serra y la artista iraní Ghazel), Desplazamientos, arte mendocino contemporáneo y Design politics / ideologías visuales .
(7) Datos proporcionados por el Área de Artes Visuales CNCA
Soledad Novoa Donoso
Noviembre 2007
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