Soledad Novoa

Tomar distancia

Nadie fotografía lo que se quiere olvidar, nadie quiere recordar una catástrofe
y si alguien registrara y guardara esas imágenes […], quedarían escondidas para siempre. *

Desde el año 2006 la artista visual Angie Saiz ha venido desarrollando un trabajo derivado del encuentro y revisión de una serie de elementos visuales y sonoros que se vinculan con su pasado (1) .

Insistentemente y como constante, al momento de describir y proyectar su trabajo desde la idea inicial hacia su materialización la artista apela y fundamenta sus operaciones en aspectos técnicos, formales u otros, derivados de la fotografía como medio.

Sin embargo, al momento de presentar la obra ya materializada, inevitablemente emergen aquellos aspectos que –en el inicio- resultaban –o buscaban- ser ocultados, soslayados o restados de valor.

Algunos de los elementos utilizados en obras anteriores corresponden a imágenes tomadas de libros de cuento, diapositivas que registran escenas de la vida familiar, discos de rondas infantiles, o fotografías de un álbum familiar guardado por la artista como único sobreviviente de un incendio que devastara la casa materna el año 2004. En todos estos casos, se trata de registros realizados por terceros, utilizados como materia prima a manipular para la configuración de la obra.

A partir de ellos, Saiz pasaba revista a sus recuerdos infantiles, en un ejercicio de evocación desgastado por la propia ausencia de otras imágenes con qué contrastarlos, ejercicio marcado por la insistencia y la reiteración propias de la necesidad de no perder -o recuperar- la memoria.

En Catastro, la materia prima utilizada para desarrollar la obra se encuentra en una serie de fotografías que esta vez registran las huellas de aquel incendio del año 2004. Nuevamente estas fotos son tomadas por terceros, y en este tic de develar/ocultar la intimidad, la artista exhibe su propio “álbum familiar” de los recuerdos de una tragedia.

Aunque estas fotos inicialmente son tomadas con un fin extremadamente práctico (el registro exigido por la compañía de seguros), tras un largo período de sepultamiento reaparecen para instalar una pregunta por el propio incidente traumático devenido obra.

En otro momento me he referido a la noción de trauma en la obra de Angie Saiz (2); a mi juicio, esta noción se instala a partir de la reiteración –como ya lo he señalado- pero también del distanciamiento que la artista insiste en introducir en su trabajo.

Aunque Catastro plantea como punto de partida una pregunta por la fotografía (la pregunta que plantea Angie Saiz en su propuesta de trabajo a galería BECH respecto a qué es la fotografía hoy y para qué fotografiamos), ésta rápidamente se trastoca.

Entonces, la pregunta ya no será para qué fotografiamos, sino de qué manera la artista transforma en obra una serie de imágenes olvidadas y reencontradas, imágenes que en su minuto fueron tomadas para cumplir un fin preciso y funcional (ser testimonio de un desastre), alejándose del testimonio sensible (subjetivo) para devenir más bien en evidencia objetiva, en cuanto estas fotos no buscaban mostrar el dolor de una pérdida, sino cumplir con la constatación de una merma material .

Podemos observar la búsqueda de una toma de distancia frente a lo subjetivo en otro aspecto reiterado por Saiz en sus trabajos: la necesidad de interpelar al espectador, y que en esta interpelación este espectador se sienta identificado, se reconozca en la obra como parte de una biografía personal que se niega como tal para extenderse hacia el colectivo. En este desplazamiento, Saiz apela a un colectivo que comparece como sujeto (3) –héroe o protagonista- de cada acontecimiento retratado/relatado, en reemplazo de la subjetividad de la propia artista.

De esta manera, una foto objetiva es trabajada desde lo subjetivo para escenificar –ocultándola- esa subjetividad (ocultándola, como decíamos, en una apelación a la experiencia colectiva).

A todo lo anteriormente descrito se suma, en este nuevo trabajo, la utilización de un particular dispositivo de exhibición de las imágenes: las fotografías se presentan mediadas por la reproducción de la disposición en un álbum barato de hojas autoadhesivas. En éste, las imágenes son depositadas, selladas, clausuradas.

Aunque Saiz pretenda lo contrario, los elementos utilizados como materia prima no son una simple excusa material para el desarrollo de la obra: la obra sólo nace y se explica a partir de los contenidos simbólicos, emocionales, subjetivos que portan estos elementos, y que se mueven entre el archivo de la memoria, la revisitación, la biografía.

En Catastro Saiz ha dado un giro en su revisión, transitando desde el universo de lo infantil hacia una experiencia reciente. Por su parte, aunque el mismo título enuncia un recuento que distancia, que intenta neutralizar la emoción (al “catastrar los recuerdos biográficos”), la obra no hace sino develar esas imágenes que, de otro modo, “quedarían escondidas para siempre”, dando cuenta, a su vez, de otro tránsito: al develarlas como imágenes exorcizadas en “obra”, traslada al ámbito del arte aquellas fotografías que no sólo han sido tomadas con una función otra, sino que eluden cualquier identificación autoral.

Soledad Novoa Donoso
Mayo 2008



Notas:

(* ) Cita tomada del texto de presentación del proyecto Catastro a Galería BECH convocatoria 2008, Angie Saiz

(1) Estos trabajos forman parte de la trilogía Revista exhibida en Galería Balmaceda 1215 ( Revista (cuentos), exposición Selecciones, junio 2006), Museo de Artes Visuales MAVI ( Revista (diapomontajes), exposición Tránsitos y transiciones, noviembre 2006) y Centro Cultural de España ( Revista (ronda), julio 2007)

(2) Realismo traumático, texto para la exposición Revista (ronda), Centro Cultural de España, Santiago 2007

3) Necesidad que ya se planteaba en la obra Revista (exposición Selecciones, Balmaceda 1215, Santiago 2006)







 


 

 
 
 

 

 
 
 
 

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