| Encuadre, corte y exceso
Saiz / Portus / Gabler
La exposición Selecciones se articula a partir de la opción de Angie Saiz, Leonardo Portus y César Gabler de presentarse individualmente a una convocatoria que planteaba como eje la noción Tres dejando en manos de la comisión evaluadora de proyectos la posibilidad de considerar -seleccionar- estas propuestas individuales y asociarlas a las de otros dos artistas participantes.
A pesar de este gesto inicialmente circunstancial, es posible encontrar algunos elementos que definen el trabajo de estos tres artistas, y que las obras exhibidas comparten.
Podemos vislumbrar algunas claves ya desde los respectivos títulos con que originalmente presentaron sus trabajos: Muralit (Portus), Revista (Saiz) y Dialéctica de la decoración interior (Gabler). A partir de cada uno de estos títulos los artistas comienzan a encadenar una serie de referencias desde las cuales construyen su propuesta visual, tanto en el campo de la misma visualidad, como en el campo de la tensión de sentido y la tensión simbólica que ellas exponen, y a su vez, todas ellas remiten a un pasado que se revisita con un mayor o menor grado de nostalgia.
La nostalgia, entendida como la añoranza a través del recuerdo de algo visto o vivido de antaño, o definida textualmente como una tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, sería el sentimiento que prima en estas obras, tal vez menos evidentemente en Gabler que en Portus y Saiz.
En la obra de Angie Saiz la artista reelabora - a través de la manipulación digital - una serie de imágenes fotográficas extraídas de libros de cuento infantiles reencontrados casualmente, remitiendo su recuerdo al pasado de su propia biografía, pero también a una posible biografía colectiva para quien, desde el lugar del espectador o espectadora, se reconozca en esas imágenes.
Una particularidad que cabría hacer notar respecto a estas fotografías es que corresponden a maquetas a partir de las cuales se escenifica la historia contada mediante el uso de operaciones propias del cine de animación.
Por su parte, Portus opera desde la noción más tradicional de artesanía para elaborar una serie de retablos que abandonan el modelo habitual de la casita de campo o la gran casa patronal como motivo, para proponer un desplazamiento real por la ciudad de Santiago y sus programas arquitectónicos modernizadores, de corte público o privado: el proyecto Cormu del paso bajo nivel Santa Lucía firmado por Vial, Ortúzar y Martínez Bonati, la Remodelación San Borja, la Unidad Vecinal Providencia en la calle Carlos Antúnez, entre otros.
Al presentarse como artista autodidacta, la obra de Portus concientemente busca desmantelar la frontera que define arte popular y arte culto, desplazando –como él mismo señala – una habilidad manual hacia la producción de arte contemporáneo.
En Gabler el referente extraartístico está marcado por el empleo de un imaginario que apela a todos los registros de la cultura y el tiempo , como el mismo artista ha explicado, determinando un presente que es continuamente asediado por el pasado , fantasma que en este asedio inevitable y fatídico trunca permanentemente la utopía modernista del progreso sin fin. Así, los otrora dichosos personajes de avisos publicitarios llamados a encarnar el estado de bienestar universal que el proyecto moderno auguraba, son progresivamente invadidos por excesos capilares o tumorales, cambios de pigmentación y aparición de manchas, deformaciones o implantes disfuncionales.
En los tres artistas y sus obras nos encontramos con la escenificación de un relato que se establece desde la memoria –individual o colectiva, subjetiva o social – entendida como un lugar de y para la ficción: la ficción de un relato infantil, la ficción de la modernidad, la ficción de un ideal de status social, la ficción del arte y la producción artística (cuyo referente ya no es “la historia de arte”, sino el sedimento retenido de un material visual de registro más amplio).
Nostalgia y modernidad podrían ser entendidos como momentos antagónicos, sin embargo en Portus se exhibe la nostalgia por lo moderno como proyecto fracasado, y en Saiz, la nostalgia por la infancia como proyecto inconcluso (irresuelto y fragmentario) en su previsión a la adultez. En Gabler la nostalgia es tal vez desplazada por la recriminación más directa a un modelo que es forzadamente impuesto, y que por lo mismo, se exhibe en su falla a partir de la intervención grotesca de una serie de elementos aparentemente inocentes (la publicidad “ingenua” de los años 50, el cine de ciencia ficción de corte retro, o una revista de circulación masiva como Life ).
Finalmente, desde estos tres lugares, lo que enfrenta el espectador es un mundo en el que la ficción podría ser más tangible que la realidad; sin embargo, a través del encuadre, del corte y del exceso se exhibe la inquietante fisura por donde se cuela lo anómalo, exponiendo la ansiedad y la duda, el escepticismo y la sospecha frente al racionalismo fracasado, frustrado y sobre pasado, tanto en el momento de lo social como en el momento de lo subjetivo.
Soledad Novoa Donoso
Enero 2007
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