Comencé trabajando con el objeto marco como extensión de la gráfica. El marco sin imagen, el marco como objeto, fue y es para mí un símbolo de ausencia de lo representado. El bordado ha sustituido la imagen por la palabra, tal como el pelo me ha reemplazado: la figura retórica de la metonimia. El cuerpo está sin estar, está tras el vestido que lo cubre. Vacío, llena sin embargo el espacio con su gigantismo. Como la imagen de una mujer emblemática, madre, niñera o fantasma, en algunos sueños. Cuando voy como artista a diferentes lugares, lo hago viajando con lo básico, con la premisa de que todo lugar se convierte en hogar. Y ningún lugar. Paradoja sin equipaje, casi sin materiales. He intentado también dibujar el zumbido permanente que representa al tiempo, clavando sobre los muros de los lugares de exhibición una línea por sus perímetros, e intercalando mi propio pelo a modo de señal de presencia - ausencia, vida – muerte, material que llevo sin llevar.
La vida como matriz: la infancia, los miedos, los viajes, el género femenino, el lenguaje, la vida cotidiana, el arte. Mi trabajo los traslada a estas obras instaladas en lugares específicos donde encuentran a otros, a otras que leen también parte de sus vidas en estos montajes. La cotidiana, la colectiva, la olvidada, la básica, la irónica.
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